LA FLAUTA JAPONESA SHAKUHACHI




El shakuhachi llega al archipiélago nipón en el siglo VI procedente de China, pero su interpretación evoluciona de una forma totalmente autónoma e independiente de la que tiene lugar en el continente debido al aislamiento al que se somete Japón. Se trata de una flauta de bambú que se toca verticalmente como la flauta dulce y a diferencia de la travesera.
Los monjes komuso de la secta Fuke, conocidos como “los monjes del vacío”, utilizaban desde el siglo XIII este instrumento dentro de la práctica ritual del suizen o “zen soplado”. Estos religiosos portaban una especie de cesto de mimbre en la cabeza, que les cubría la cara por completo, como símbolo de su desapego terrenal.  El hecho de que el shakuhachi se interprete en vertical les permitía tocar sin tener que descubrirse la cabeza.
La música de shakuhachi es evocadora e hipnótica; es como una llamada al interior del ser, como un diálogo íntimo con uno mismo, como una llamada a la calma y a la introspección procedente de la naturaleza. De un maestro de shakuhachi, se dice que puede invocar una quietud interior en los oyentes, “como un tranquilo río que refleja la luna de invierno”. Se trata por tanto de melodías idóneas para la meditación.

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